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Róisín Murphy - Ruby Blue

It’s been a long time since Róisín Murphy started stealing attention on Moloko’s gigs and videos, always captivating the audience with her shameless glamour. But as time ran away, the power was disappearing from their albums (although it could be found on their live). It’s true that “Statues” still had a few tracks of extraordinaire and progressive electronic beauty, but there were a rarefied air surrounding the whole album. So, for good or bad, Moloko’s on the fridge. But this doesn’t mean that Miss Murphy has surrendered to the advantages of this low temperature keeping her forever young. She wants to evolve, she wants to mature… and that’s precisely why she’s releasing “Ruby Blue”, an album destined to become a reference when speaking of this year’s electronic (and general) harvest.

We should put the blame on Matthew Herbert, a little genie who likes cooking with equal parts of jazz and electronic. On Roísín Murphy’s voice, Herbert has found a new and spectacular working tool. While Mark Brydon (from Moloko) seemed to consider that Murphy’s voice had to adjust to his music, Matthew Herbert’s on the opposite when dealing with his new muse: he plays with her voice as a child with his leggo. Further on Murphy’s exceptional lyrics (a little example on “Dear Diary”: “I decided to go home, denying myself. Living alone… living a lie”), Herbert samples her voice, dealing with it as one more electronic tic inside music. In almost every song, those voice deformations are the basics.

Altogether there are 12 jewels shining on this album’s neck. Anyone approaching those songs thinking of imitation jewellery would be blinded by giant diamonds sparks (and you know: “diamons are forever”). “Leaving the city” opens the album with a powerful speech: this is not music for the masses, so you better forget typical structures and simple melodies, and start thinking of elaborated filigrees where free jazz meets dance and electronic. From that point, each new song improves the level. “Sinking feeling” borders the banks of the traditional pop to sink into a sea of jazz enriched with a mysterious and cocky atmosphere. “Night of the dancing flame” is a freak feast full of twenties sounds destined to futuristic electronic cabarets. “Through time” rapes the rules of traditional ballad, proving that sweetness can be born from an electronic womb. “Sow into you” shows off that present is nothing without past: here you can listen to echoes from conventional house and from Moloko’s glam and dance sound, perfect to drive the audience crazy even on the club or on a gig. “Dear Diary”’s opening exhibits a millimetric insanity of synchronized sounds inside of an electronic pop song with a lot of nuances (as the whole album). “If we’re in love” was destined to be a single: Herbert and Murphy demonstrates that they can sound accessible without being typical. On the contrary, “Ramalama (bang bang)” is a hit with loud and near primitive percussion: it’s a blast of progressive rhythm destined to put all the clubs in a mess. Giving name to the album, “Ruby blue” is filled with guitar distortion and powerful claps, all under the wise and glamourous leadership of Róisín Murphy. From that point, “Off on it”, “Prelude to love in the making” and “The closing of the doors” mean a dangerous change of direction. But Murphy and Herbert come out of the situation with flying colours: ambient is seized by quietness while you can enjoy the thousand melodic pieces forming a peculiar puzzle.

Conclusion is easy: thanks to Matthew Herbert, Róisín Murphy has come to a superior quality level. It can be seen that there wouldn’t be much time until she become more than a fanciful and aesthetic goddess. Soon, very soon, Miss Murphy could enter the Olympus reserved to those musicians destined to be part of the history.


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Lejos quedan aquellos tiempos en los que Róisín Murphy daba la cara en los video-clips y los conciertos de Moloko, siempre con un fresco descaro glam capaz de arrebatar al público con una facilidad pasmosa. Poco a poco, sin embargo, aquella fuerza que aún se podía ver sobre el escenario se iba disipando en sus álbums. Pese a que “Statues” contenía algunos cortes de extraordinaria y progresiva belleza electrónica, tampoco pudo evitar que entre las pistas se filtrara un extraño aire enrarecido. Para bien o para mal, Moloko están en el congelador. Pero eso no significa que la señorita Murphy se haya rendido a las ventajas de esa temperatura helada que la mantendría joven para siempre. Ella quiere evolucionar, quiere madurar… y precisamente por ello nos entrega “Ruby Blue”, uno de los discos destinados a ser referenciales a la hora de hablar de la cosecha electrónica (y general) del año 2005.

Gran parte de la culpa la tiene Mathew Herbert, ese geniecillo gustoso de la cocina condimentada a partes iguales por jazz y electrónica que parece haber encontrado en la voz de Róisín Murphy una nueva y espectacular herramienta de trabajo. Porque si Mark Brydon parecía considerar que la voz de Murphy era algo que tenía que adaptarse a la música, Herbert se posiciona en el lado contrario al enfrentarse a la metamórfica voz de su nueva musa: juega con ella como un niño con plastelina. Más allá de las letras a las que ya nos tiene acostumbrados la cantante (para muestra un botón: “I decided to go home, denying myself. Living alone… living a lie” en “Dear Diary”), Herbert samplea su voz para convertirla en uno más de sus tics eléctricos. Basta prestar un poco de atención para darse cuenta de que muchos de los sonidos sobre los que se erigen las canciones no son más que “deformaciones” de la voz de Murphy.

En total son 12 las joyas que adornar el elegante cuello de este álbum. Y aquel que se acerque a estas canciones pensando que pueden ser bisutería barata quedará totalmente cegado por el brillo de grandes diamantes (y ya se sabe: “diamonds are forever”). “Leaving the city” se encarga de abrir el trabajo constatando una de las características que atraviesa al conjunto: esto no es música para las masas, así que mejor será no esperar estructuras al uso ni melodías simplonas, sino elaboradas filigranas manieristas en las que el free jazz se trenza con pequeños toques de electrónica bailable y gusto por el glitch. A partir de ahí cada canción va a más. “Sinking feeling” bordea las orillas del tranquilo pop tradicional para sumergirse en un mar de matices jazz que lo enriquecen con una atmósfera de misterio y chulería. “Night of the dancing flame” es un festín freak de sonidos twenties destinados a eléctricos cabarets modernos. Los preceptos clásicos de la balada son violados por Herbert en “Through time” para demostrar que la dulzura también puede destilarse de alambiques electrónicos. “Sow into you” deja claro que el presente no es nada sin el pasado: se escuchan ecos del house más convencional y de los Moloko más dance y glam, perfectos para enloquecer al público en los directos y en los clubs de medio mundo. La apertura de “Dear Diary” expone una milimétrica locura de sonidos sincronizados que dan paso a una cuidada canción de pop electrónico que, como el resto del album, presenta mil matices melódicos a descubrir como capas de una cebolla. “If we’re in love” estaba predestinada a ser el single: Herbert y Murphy demuestran que pueden sonar accesibles sin caer en tópicos y sin alejarse de su marca de la casa. En el polo opuesto de intenciones, “Ramalama (bang bang)” es un pelotazo de percusiones estridentes y casi primitivas, una explosión de ritmo progresivo que pondrá patas arriba las pistas de baile en las que se pinche. En el corte que da título al álbum, “Ruby Blue”, la distorsión guitarrera y las palmadas se apoderan de la escena, siempre bajo la glamourosa dirección de la maestra de ceremonias. A partir de este punto, “Off on it”, “Prelude to love in the making” y “The closing of the doors” suponen un peligroso volantazo que implica un cambio de dirección del que los autores salen más que airosos: la tranquilidad se apodera del ambiente y deja disfrutar plenamente de las mil piezas melódicas de este singular puzzle.

En este punto, la conclusión llega por sí sola: gracias a Matthew Herbert, Róisín Murphy se ha transportado hacia un nivel superior de calidad, haciendo prever que no falta mucho para que no sólo sea una pequeña diosa caprichosa de la estética. Pronto, muy pronto, esta señorita puede entrar en el Olimpo reservado a aquellos músicos destinados a pasar a la historia.
Tags: album
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